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Aprenda sobre el síndrome del espectro autista


La falta de estudio sobre el espectro autista lleva a que muchos no comprendan a quienes lo padecen.

Según el psicoterapeuta y docente investigador universitario, Óscar Iglesias Alvis, las personas con el síndrome del espectro autista tienen una empatía escasa, cuando no, inexistente.


A pesar de la dificultad para establecer un contacto emocional y afectivo con los demás, poseen unas mentes increíblemente precisas y exactas. Parece que la forma particular en que su cerebro procesa la información puede llevarles a desarrollar un talento especial. Talento a identificar, a potenciar y a desarrollar en la medida en que las personas que les rodean, los profesionales que les asesoran y la institucionalidad que les facilita las oportunidades, lo propicien.


El experto añadió que la incapacidad para establecer relaciones sociales, es una particularidad determinada por la ausencia de empatía en quienes padecen del espectro autista. La empatía requiere que unos circuitos neurológicos funcionen adecuadamente para que pueda darse la interacción y la comunicación entre unos y otros.


Neurocircuitos que en éstas personas presentan baja actividad. Sin embargo, ¿de qué estamos hablando cuando nos referimos a la empatía? La empatía es una característica propia de la especie humana, una dotación biológica sin la cual no podríamos hacer pareja o crear vínculos filiales, amistosos, laborales, o sea, hacer grupo, crear comunidad y hacer sociedad.


Nuestro cerebro tiene unas áreas con neuronas y circuitos especializados en “leer” a quien está frente a nosotros o con quien interactuamos, a la vez que nos “leen” a nosotros. Si estamos incapacitados para leernos mutuamente, no habrá comunicación. Si es una sola persona la que tiene habilitadas sus áreas empáticas para conectar, pero el otro no, la interacción será nula, las señales irán en una sola dirección, sin ningún asomo de retorno, por lo tanto, la comunicación será fallida.


Una de las áreas del cerebro que presenta actividad reducida en los autistas es la corteza prefrontal –zona ubicada detrás de nuestra frente–, igualmente la amígdala cerebral y la ínsula. Zonas claves con funciones vitales para comunicarse, dentro de las cuales se destacan la capacidad para interpretar la mirada, leer los gestos y procesar las emociones que están en quienes nos rodean.


En estas condiciones es imposible conocer las intenciones, pensamientos y sentimientos del otro. Así mismo, ellos tienen incapacidad para reaccionar frente a los estímulos que se generan en el entorno no sólo físico, también social, el más importante para crear los vínculos afectivos y de relaciones con los cuales aseguramos la supervivencia.


Iglesias Alvis añadió que las personas con autismo, no sólo tienen esas limitaciones para la interacción y la comprensión de los demás, también presentan dificultades para entender sus propias mentes, carencias para ir dentro de sí mismo y darle cuerpo a las sensaciones y emociones propias. Se les dificulta diferenciar entre el sí mismo y los demás.


“Son más los interrogantes que las respuestas acerca del espectro autista, pero se avanza en la búsqueda de las causas, en la manera de identificar y capitalizar sus potenciales, en saber leerles; en cómo contenerlos y abrazarlos en su diversidad neurológica y en su particularidad para estar dentro de una familia, un grupo social y sobre todo, en cómo hacerles parte activa de una sociedad que lastimosamente tiende al individualismo y a la exclusión”, concluyó el experto.


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