• Héctor Javier Barrera

Cariños curativos que caminan en cuatro patas


Dos expertos hablaron sobre los beneficios que trae la compañía de ellas para los seres humanos, pero también de algunas patologías relacionadas con su tenencia.


Para nadie es un secreto que una mascota es un miembro más de la familia humana: acompaña, brinda cariño a sus cuidadores, propicia lazos de fraternidad que, a veces, entre los seres humanos no son posibles por los odios generados por hechos del pasado. Un perro no guarda rencores porque vive el presente. Es agradecido y fiel.

Durante el pasado encierro obligatorio producido por la pandemia global, los gatos y los perros se convirtieron en la perfecta compañía casera para jugar, para acariciar y, en el caso de los caninos, para pasear junto a ellos. Todo eso ayudó a reducir los niveles de estrés que, en muchas personas, ocasionaron el aislamiento social y la reducción o carencia de ingresos monetarios.

Está comprobado científicamente que los animales de compañía tienen un poder curativo y psicológico en las personas. En medio de esta contingencia sanitaria mundial los amigos de cuatro patas sirvieron también como un apoyo emocional.

Juan David Uribe, médico veterinario especialista en medicina interna de pequeñas especies y docente universitario, explicó que las mascotas contribuyen mucho a mejorar la salud mental de las personas porque dan un soporte emocional muy valioso. Establecen vínculos muy fuertes que producen una sensación de bienestar derivada de varios aspectos.

“Nos generan diversión que, a su vez, produce alegría y esta deriva en una liberación de oxitocina, que es la hormona de la felicidad. El solo hecho de tener a un animal cerca que dé compañía, brinda una sensación de seguridad y de protección en los individuos. Los seres humanos somos sociables por naturaleza y necesitamos sentirnos acompañados y ese papel lo desempeñan a cabalidad los caninos y los gatos. Todo eso contribuye a mejorar la salud mental y la calidad de vida de las personas”, aseguró el experto.

Afianzan el sentido de la responsabilidad

Uribe añadió que estos pequeños seres afianzan en las personas el sentido de la responsabilidad. “Cuando tenemos a alguien que depende de nosotros en la comida, en la salud y en la higiene, eso nos motiva a practicar esos valores de respeto y de responsabilidad sobre la otra especie. Eso nos lleva a levantarnos más temprano para darle el paseo al perro, para servirle los alimentos y para asearlo. En medio del encierro reciente en el que dejamos de hacer ciertas labores rutinarias, el solo hecho de saber que había alguien que dependía de nosotros nos posibilitaba que, si le estábamos sirviendo la comida al perro, pues también nos alimentabamos cerca de él. Si le íbamos a dar la vueltecita eso nos servía como actividad física, lo que reducía las probabilidades de padecer enfermedades cardiovasculares”, destacó Uribe.

Los animales de compañía, explicó el especialista, no son como los humanos, quienes siempre estamos aferrados al ayer, sino que ellos viven el hoy. “Así los hayas regañado por algo malo que hicieron, eso ellos lo aprenderán, se les pasará y al momentico estarán contigo moviéndote la cola. En ellos no se evidencia el rencor, que es característico de las personas, y por eso disfrutan más la vida. También manifiestan respeto por el que los cuida y les brinda los alimentos”.

El experto agregó que en una familia es normal que, por culpa del encierro, de estar todo el tiempo juntos, cuando no es lo usual, se puedan presentar dificultades y discusiones. “Ahí la mascota puede ser como un amortiguador que hace que estos problemas disminuyan. Los que trabajamos en terapia con los animales sabemos del efecto calmante que tienen las mascotas. Con el solo hecho de ponerse a jugar con una pelota con un perro o con un gato, eso disminuye la ansiedad y la depresión en los seres humanos”, declaró recientemente a una cadena radial colombiana el médico psiquiatra León Michán.

Llenan sus vacíos emocionales acumulando mascotas

Existen también esas personas que, en medio de un pesar desmesurado, acumulan mascotas con la idea de que si ellos no lo hacen, estas pasarán muchas necesidades y cuando menos piensan, ya cuentan con decenas de perros y gatos, al ser tantos animales, asearlos, darles de comer y atender sus necesidades de salud se vuelve demasiado complejo si la persona está sola. Además, las condiciones de higiene de los sitios donde permanecen aglomerados esos animales no suelen ser las mejores. ¿Qué hay detrás de esos comportamientos obsesivos?

El educador canino, Elkin Carmona Ossa, explicó que desde la psicología a este trauma se le conoce como el síndrome de fatiga compasional e involucra vacíos sentimentales y emocionales de las personas. “Cuando tratan de sentir compasión por los animales, al protegerlos y cuidarlos, eso les genera como esa fortaleza para ellos seguir enfrentando su vida con motivaciones como la compañía que les brindan las mascotas y el hecho de sentir que están haciendo algo muy bueno. Es algo así como cuando los papás dicen que no quieren que los hijos sufran lo que ellos padecieron cuando eran jóvenes, pero en estos casos, estas personas no quieren que esos seres indefensos sufran lo que ellos han padecido”.

Por lo general, los afectados con el síndrome de fatiga compasional reciben el apoyo inicial de algunos voluntarios para el cuidado de los animales, pero al ver su obstinación, con el tiempo se alejan y los dejan solos, concluyó el educador canino.

Adoptan animales en vez de hijos, pero traspolan el problema

En la actualidad se ha vuelto común que muchas parejas humanas en vez de hijos decidan adoptar perros o gatos a los que humanizan. ¿Por qué se da eso? Para Carmona Ossa, la gente cambió la relación con sus congéneres y una de las explicaciones es que las personas deterioran parcial o completamente el planeta y los recursos naturales.

“En su afán por acercarse un poco más a lo natural, tratan de compensar el daño hecho por las personas con la tenencia de perros o gatos. Considero eso como un acto de intentar negar lo que realmente somos y traspolarlo a los animales. De esa manera ellos sienten que, si no es un humano el que se está reproduciendo o creciendo, la afectación a la naturaleza tiende a disminuir.

Esas personas no tienen un hijo, pero en cambio acumulan cuatro o cinco perros, lo que a la larga también produce una afectación al planeta porque no hay sobrepoblación de gente, pero sí de mascotas. Un perro que es tomado por un humano como un hijo por lo general produce muchos más desechos que las mismas personas: bolsas, pañitos, champú, cocas.

Como algunos compran cosas en abundancia para los hijos, los que se llenan de mascotas hacen lo mismo con ellas. Estas personas no quieren tener la responsabilidad que implica un hijo y sienten que al tener un animal llenan ese vacío, aunque sin tanto compromiso”.

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