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San Antonio de Pereira: El sabor del oriente antioqueño


Un barrio del municipio de Ríonegro, famoso por su actividad cultural y gastronómica, donde los visitantes pueden encontrar desde un suculento chuzo de carne hasta los más provocativos postres y meriendas.


La plaza principal es el epicentro donde se ubican toda clase de quioscos y carpas que ofrecen gran variedad de dulces, postres y fritos, e incluso existe un pequeño trapiche portátil donde se extrae guarapo de caña de azúcar para refrescar los paladares de aquellos afortunados visitantes.


En todas las casas que rodean la plaza hay restaurantes, tiendas de postres o estaderos que aprovechan el espacio de los andenes para sacar sillas y mesas con el fin de que los clientes disfruten de sus productos mientras aprecian el paisaje urbano.


Uno de los productos insignia del sector es la empanada, ésta se encuentra en una amplia gama de presentaciones, de todos los tamaños y sabores; comenzando por la tradicional empanada de iglesia, esa pequeñita de las que, fácilmente en un descuido, uno se puede comer cuatro o cinco sin parar. Son tan importantes que desde hace 10 años se realiza la Fiesta Nacional de la Empanada; durante tres días solo se habla de este amarilloso, suculento y curvado frito, esta celebración se lleva a cabo todos los años en el mes de agosto.


Pero si hay algo que ha hecho famoso a San Antonio de Pereira son sus postres. Existen gran variedad de opciones, colores y texturas. Según Juan Esteban Zapata, habitante del barrio el Salvador en Medellín y quien aprovecha cualquier espacio de tiempo entre el trabajo y su hogar para visitar el sector, los hay para todos los gustos, desde los sabores tradicionales de uchuva, durazno, fresa y cereza, hasta sabores alternativos con los que vienen experimentando desde hace algunos años, como el de yuca.


“Este pueblo es una experiencia para disfrutar y deleitarse con los sabores, si a usted le gusta pueblear y más aún por el oriente de Antioquia y no viene a disfrutar de estos manjares, pues le cuento que perdido el tiempo y no conoció el corazón del sabor paisa”, explica Zapata.


Más de tres siglos atrás


Las variadas historias de este afable lugar, se remontan al año 1700 cuando esta zona era habitada por los indígenas Tahamíes y Quiramas, que acostumbraban realizar intercambios de mercancía y productos con los Catíos, que pertenecían al Valle de Aburrá.


Desde el año 1984 fue declarado Patrimonio Histórico y hoy día es uno de las estaciones obligadas en la famosa vuelta a Oriente. En el barrio se destaca la plaza, rodeada de las casas que, aún, conservan el diseño de provincia; con sus corredores en piso de barro, grandes portones y ventanales, barandas en madera y amplios balcones para contemplar el paisaje.


Además, la arquitectura colonial de su iglesia, consagrada a San Antonio de Padua, resalta por su sencillez y belleza, así mismo, la estatua contemplativa del jovial y gallardo general antioqueño José María Córdoba es ícono y referencia de este particular rincón antioqueño.

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