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A través de los ojos que han visto un siglo de vida en la Comuna 9


Con once hijos, 28 nietos, 19 biznietos y un tataranieto, Don Salvador Pérez Arango celebra sus cien años de vida, con alegría, muchos recuerdos, amor por su comuna y un admirable estado físico y mental. Un siglo de vida plasmado en el cuerpo de un hombre lúcido, de cabellera blanca, contextura media, mirada curiosa y un modo de hablar pausado pero seguro, que nos recuerda que el buen vivir se refleja en una actitud positiva y sencilla frente a la vida.


“Toda la familia entre esposos, yernos y nueras somos 88 personas y él es nuestra razón de ser, nuestra alegría, es la piedra angular de nuestra familia y siempre nos da muchas lecciones de vida con su actitud y la sabiduría que le han dado los años”, aclara Rocio Pérez, una de sus hijas mayores.


Para don Salvador el ser buen padre, buen abuelo, buen compañero, buen amigo, buen vecino; esa es la clave para una vida saludable, tanto es lo físico como en lo mental y espiritual. Oriundo del municipio de Santa Bárbara, ha vivido en la Comuna desde los años 40, en su época las calles, parques y casas, estaban apenas consolidándose en un territorio en pleno asentamiento.


“Hace 50 ó 60 años la movilidad también era buena en la Comuna, yo recuerdo el antiguo tranvía, los buses y colectivos viejos, era una época muy elegante de valores de familia y respeto por nuestros mayores. Nosotros, como habitantes de Buenos Aires, siempre hemos gozado de buen transporte y nunca he visto un problema con ese sistema, además somos un sector muy próximo al centro y eso nos ha mantenido conectados con el corazón de Medellín”.


Pensionado de la empresa Everfit, con una eterna pasión por el fútbol, don Salvador ha vivido su vida a plenitud, disfrutando del juego, las lecturas, el conversar con la gente y de su excelente visión y estado físico. Él le atribuye su salud al poder de la sonrisa y de tomarse la vida con alegría y empatía por los demás.


“A él le gusta mucho la música, los boleros, el tango, la tropical e inclusive el reggaetón (…) Así mismo disfruta de las golosinas, es muy mecatero, le gustan los helados y el chocolate”, cuenta Rocio.


Son más de 36 500 días de vida de los cuales la gran mayoría los ha dedicado a recorrer las calles y sectores de una comuna y una ciudad que siempre lo ha acogido con amor y el reconocimiento que merece un ser humano de un siglo experiencias al servicio de los que lo rodean.

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